Oppenheimer: una declaración de principios
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Oppenheimer: una declaración de principios

Además de su excelente pulso narrativo y visual, la cinta de tres horas de Christopher Nolan es una reivindicación del séptimo arte en tiempos de streaming e inteligencia artificial.

Sebastián Amoroso

El abuso de la aplicación de la tecnología digital en el cine por parte de Hollywood ha dejado un prontuario de productos nefastos. Uno de los primeros realizadores en darse un tal porrazo fue George Lucas, cuando estrenó la primera parte de la saga Star Wars, compuesta por los episodios I, II y III.

El mamarracho digital al que sometió a una generación que esperaba encontrarse con una continuidad del tremendo trabajo de diseño visual que implicaron las tres primeras películas de la saga, a puro trabajo experimental y artesanal, tuvo sus descargos por parte de los fanáticos de la primera hora así como una crítica especializada que apuntó a los excesos en estos recursos.

Ese es uno de los tantos ejemplos en el que Hollywood ha abusado y abusa de la tecnología digital para la realización de sus superproducciones. Hoy, este tema -de la mano de la Inteligencia Artificial-, es parte de la histórica plataforma de reivindicaciones que los gremios de escritores y actores de Hollywood han puesto sobre la mesa y que desde hace meses tiene en jaque a la fábrica de sueños.

En este sentido, el estreno de Oppenhwiner (2023), filme basado en American Prometheus, una biografía de 2005 escrita por Kai Bird y Martin J. Sherwin, que narra la vida de J. Robert Oppenheimer, un físico teórico que fue fundamental en el desarrollo de las primeras armas nucleares como parte del “Proyecto Manhattan” y, por lo tanto, marcó el comienzo de la era atómica; es toda una declaración de principios.

Es que a lo largo de sus 180 minutos de duración, su guionista y director, el británico Christopher Nolan (Londres, 1970) reivindica un cine de carácter artesanal, prescindiendo de los excesos digitales y, entregando una película en formato Imax y 35 mm, una rareza para una industria, que como señalaba, se sumerge en la virtualidad, los algoritmos y los blockbusters de escala global.

Lo curioso, además del aspecto formal y técnico, está en la propia historia, basada hechos y personajes reales, con una trama sostenida -más allá del gran trabajo de fotografía y banda sonora creada por Ludwig Göransson- en la palabra, y en un pulso narrativo que no necesita de artificios, más allá de los destaques técnicos y una logradísima recreación de época.

En este filme no hay superhéroes ni tampoco la acción es rápida y furiosa, sino todo lo contrario: la tensión está centrada en los diálogos, a través de intrincada trama con toques de intriga internacional, y que dan paso a una maravillosa experiencia cinematográfica, que el director de cintas como Memento, Batman Begins, Interestelar o Dunkerque; entrega, incluso exigiendo a las distribuidoras y salas su estreno en los formatos fílmicos mencionados.

Un notable Cillian Murphy (Batman Begins, The Dark Knight, Dunkerque), es quien encarna a Robert Oppenheimer, que con un trabajo actoral y un rostro cincelado para la gran pantalla, que sin duda irá por un Oscar en la próxima gala de la Academia, magnetiza la pantalla en cada plano, como el científico que busca a toda costa triunfar en la carrera bélica contra el nazismo.

Esta carrera atómica, que tiene como trasfondo esta historia, invita a que el espectador reflexione sobre estos aspectos nefastos como humanidad, dejando quizá abierto un espacio para advertir sobre los peligros de otras carreras tecno-bélicas que suceden en la actualidad.

Oppenheimer
Director: Christopher Nolan
País: Reino Unido, EEUU
Duración: 180 minutos
Cast: Cillian Murphy, Emily Blunt y Matt Damon